Revelación

May 15, 2007

Me fue asignada la tarea de encontrar un objeto que apreciara lo suficiente, que significase algo importante. Decidí llevar un libro, del que quizá hable después. Sin embargo ese mismo día me fue quitado un objeto aún más importante y práctico para mi: mi ZEN V (osea “coso” tipo iPod). Pues sí, he entrado a la estadística por fin, un asalto. Él me dijo que le diera todo lo que tuviera, y yo pensé en mi celular, mi libro caro, acaso la ropa, pero la exigencia era obvia, y se lo llevo, sí, todo, nada de lo anterior me habría importado, pero él lo quería todo. ¿Y yo que hago con un celular cuando me pongo medio autista? y en tal estado leer es complicado. En fin.

 La verdadera razón de este lloriqueo es que la última canción que escuche en el prodigioso aparato fue Here I Dreamt I Was An Architect, canción por la cual esta bitácora ha recibido su nombre y que es muy importante para mi ahora. No sólo por dicho incidente sino por que he descubierto cuanto me gusta la arquitectura y que así como Colin Meloy (autor de la canción) imagina una balaustrada para proteger a su amada, cuyo angulos y esquinas nunca se juntan y los hacen caer a su solitaria libertad, así es como yo, de algua manera, construyo el mundo, no importa que no haya nada en mis manos que tenga que ver con un constructor.

Bueno, se acabó la sensibleria.

Zen v

Una pluma sin tinta

May 13, 2007

Camino asegurado por una alfombra que no se detiene ni ante la roca o el agua,  como si sólo ella me evitará de cualquier peligro.

Un hombre semidesnudo, con la piel grasienta y el vientre inflado reclama algo a través de una ventana; se detiene, se guarece en casa como si nada de su anterior furia tuviera justificación, como si ya no existiera.

Otro está de frente a un semáforo, parece esperar la cuenta regresiva que le permita cruzar la calle; ésta finalmente llega y el hombre permanece inmóvil.

Un hombre tira al fuego vivo y danzante de su chimenea unas cartas recién cerradas; vuelve a escribir más, iguales, sin hacer uso de la memoria.

Los amantes sólo se miran, ya no se tocan; apenas diferencian sus vigilias. Confunden sus ojos de los del otro, que están cerrados, que no se ocupan de los ponientes u occidentes.

Los apasionados no conocen el descanso, así, entrelazados.

El policía sujeta al delincuente, éste se siente amenazado y al cabo recibe una sonrisa; los dos platican. Muchas parejas como esta se reúnen. Unos piensan en reformarse, otros en vaciar aparadores; al fin todos piden más cerveza.

El guitarrista invoca un acorde con tres dedos que nunca acaban. La guitarra olvida algunas de sus cuerdas.

Una fotocopiadora imprime siempre la misma página; una que intenta enumerar el Universo. El encargado las lee todas.

Un estadio celebra siempre el mismo acto. Y también un coliseo, otra cancha, otra superficie hacen lo mismo; el acto al que siempre le siguen gritos.

Las espadas descansan, ya no recuerdan nada.

Un geógrafo mira sus mapas; debiera ver las transiciones de la tierra, los periodos tectónicos y los millones de año sobre ella, sin embargo ve una tierra única, cuya forma él no alcanza a precisar.

Un columpio parece olvidado. Al lado un niño quiere balancearse, pero no lo toma.

Un hombre mira el reloj que él supone habría de detenerse; la matemática y el movimiento de los planetas se separan de los demás objetos que no entienden de tiempo.

Una pluma sin tinta sigue escribiendo.