Para cuando la noche y el silencio le indicaron que debía dormir, ya había exagerado los campos de un jardín inglés; el recuerdo de una fotografía elevada con tintes fantásticos le hacia ver cisnes donde había no más que reflejos y templos ancestrales donde sólo había modelos de hormigón. Su mente parecía haber sido diseñada para vivir dentro de la imagen, para incorporarle alguna música, triste, dramática y con un aire romántico traído desde otra fantasía cercana. Poco a poco levantaba un muro iluminado por mil y una antorchas alrededor de él y un lago; el cisne de pronto había desaparecido y se reflejaba la luna sobre el agua; o quizá fuese la misma luna la que miraba y no un espejo. No importaba.
Construyó al fin un paisaje, sus sauces, sus inscripciones antiguas y cada una de las estrellas que interminables parecían iluminarlo. Se situó a la mitad, construyó un puente mientras sus pasos cruzaban el lago, una banca mientras se sentaba y una mujer cuando abría su mano; madera, metal o carne, la materia era la misma; la precisión no. Arrojado al lago, sus pasos se aseguraron un camino, pero cuando su mano busco una compañera, no encontró más que una piel como de roca, un aspecto difuso, un rostro perdido entre ser muchos y no ser ninguno; cuando divisaba el leve rastro de un rostro conocido olvidaba su nombre.


No encontró guía ni memoria conocida en la infinita forma de una boca, no un signo de delicadeza en la finísima piedra de sus manos. Cansado cerró los ojos, se dispuso a borrar el mundo y comenzarlo de nuevo; cimbró el puente, vació el lago, devolvió la luna al espacio y dispersó a las estrellas por el universo. La mujer seguía ahí, sola, con la difusa mano estirada. Él supo que no podría destruirla, decidió huir.
Por alguna magia de la razón sintió que despertaba y que todo alrededor le era familiar; la luna seguía en los cielos, las estrellas se habían ido y los campos habían sido reemplazados por una piedra vulgar. Supo que nada había cambiado, pero ese alivio que le fue concedido negaba esa afirmación; “todo es esencialmente lo mismo, pero profundamente diferente”. Se negó a pensarlo más, a perder el juicio; en cambio pretendió solucionar el mundo de nuevo, construyendo con precisión a la mujer. Vio en su mente las herramientas; en su corazón el proyecto.
Alguien espera a que él culmine la empresa, atorado en un calle de cualquier ciudad, expectante al momento en que el pavimento se sustituya por el verde de la hierba, y vea cisnes donde sólo hay reflejos y templos donde sólo hay modelos de hormigón.