De celebraciones y desgracias
Como muchos de los lectores de esta su tan socorrida bitácora sabrán, esto es un mero y egocéntrico registro; yo leo mi blog. Me gusta hacerlo por vanidad y porque es lindo leer como pensaba uno antes.
Esta semana me he dado cuenta que tristemente ha empezado una parte de mi vida que aborrezco y de la que fuí advertido; ninguna adveretencia es suficiente cuando se tratan cosas como esta. Un par de investigadores y críticos literarios, presumiblemente academicos, están supuestos a enseñarme Literatura; no es que me ande yo vanagloriando, pero a mi punto de ver, uno no va con un gordo de McDonald’s para que le explique como se hacen las hamburguesas, mejor se mete a la cocina y va con el cocinero. La metáfora es estúpida y por eso me gusta; esta gente se toma todo demasiado en serio. SI alguien les diese una fórmula para hacer un poema harían varios y todos menos ellos se darían cuenta de que todos son iguales. Luego lo del formalismo; una idea basada en la ignorancia, en la mera observación y no en la experimentación.
No todo es malo, tengo otro profesor; no tan espectacualr digamos, pero ama lo que hace, se le nota, y en esa a veces tan sucia facultad eso se agradece enormemente. Leemos Blake y evita la sobreinterpretación y creo que es el primero que lo hace.
La moraleja de esta no fábula es que si no pueden respetar a lo que se dedican, respeten a los que si lo hacen.





