De asuntos esenciales y fotografía celular
March 15, 2008
En el mundo todos somos igualmente miserables. Aunque este balance universal quizá no sea exacto en el tiempo, si perdió tu equipo de futbol, seguro te sacas la rifa de la iglesia; si te ganas la loteria, quizás mañana muera la abuela.
Paz en el mundo
La paz del mundo se inventó, como muchas creaciónes humanas, para el bienestar propio. Alguien defrauda a su novia y aún la ama; para recuperarla, la paz entre todos los seres vivientes no es la más dificil de las opciones.
A otro tiempo
February 15, 2008
Un momento se alza como una cortina en el mundo,
Para no ver lo cierto, lo que yo no he ideado.
Una mascara cubre al océano,
De no ver su ruina, de no aspirar en vano.
Una mancha se antepone al cielo,
Derramando señales invisibles que a un tiempo son aeroplanos.
El tiempo se anuncia en una esquina del mundo,
También de la tierra, y sus últimos segundos.
Es este vendaval de tiempo, tierra y aeroplanos.
Que me separa de ti y del mundo donde apenas canto.
Mi voz se eleva desde los sótanos en el ocaso,
Se cierran las ventanas, se encuentran mis engaños.
No hay pena más grande que la que se busca,
En un tiempo feliz, cuando todo está agotado.
Otro momento desliza una cortina sobre el mundo,
Se la lleva lejos, a otro tiempo que ya he ideado.
Fernando García

Venganza anticipada
February 7, 2008
Un maestro soñó que batallaba con su más viejo discípulo en un campo blanco bajo estrellas casi negras; para él eso era un augurio de muerte. Tan pronto despertó, abrió el Libro de las Desapariciones y lo revisó hasta que el discípulo forzó su puerta; pero éste no pudo encontrar al maestro. Regresó a su casa. Halló los cuerpos muertos de su mujer y sus hijos. Cuando volvió el cuerpo para cerrar la puerta, vio el rostro del viejo maestro; después desapareció para siempre.
Fernando García
Génesis onita
January 9, 2008
[Extraído del Onán, fugaz y verdadero contenedor de la luz que no arde]
JKFLTPMXHWR estuvo en algún lugar de la imaginación. Dudó de si mismo, de si era hombre, planta, estrella o cualquier otra cosa. Trató de volar y tras ciertos incidentes voló. Lo mismo hizo para correr, reptar, caminar, dormir y finalmente, soñar. El sueño lo cambió todo. Comenzó su sospecha. Aventuró un sueño en la vigilia: soñó la criatura más perfecta que su mente hubiera podido crear y ella, soñada, no se alejó. Así hizo para crear una inmensidad de criaturas. Algunas las soñó tan en lo profundo que no pudo verlas, otras tan extrañas que habría querido deshacerse de ellas.
Ya no hubo en él algún ápice de duda y por suerte aún no conocía la maldad; ni siquiera la vanidad. Soñó que sólo podría soñar dormido y convertido en la criatura más perfecta que su mente hubiera podido crear empezó a preguntarse, si sus sueños en realidad significaban algo, si alguna vez fueron más que sueños.

La ciudad de los Onitas (en realidad La Ciudad de la Cultura de Einsenman, quien, como pueden ver, es sin lugar a dudas un onita)
Niñerías
November 28, 2007
Las niñerías son prácticas muy socorridas en estos días, además de variadas. No es anda más la actitud poco responsable y egoísta; como las que yo de diario cometo (ahora mismo debiera hacer mi trabajo final de Literatura y Arte). Sino esa actitud que además de eso tiene mala intención hacia los demás. Es una cosa horrenda, ruin y que nos hace perder tiempo. Yo quisiera saber si esa gente lo hace por mero entretenimiento, por demostración de poder (esa gente que no jugó con soldaditos de pequeño; pobres). Pero bueno, nada está perdido; hoy me gané una mención honorífica en Las Historias y eso me pone contento y quizá hasta me ayude a dormir. Acá el texto:

La Rueda de la Fe
Antes, cuando la fe (en Jesucristo) movía los objetos, nada se hacia sin el consentimiento de Él; así los coches, trenes y batidoras se movían por pura gracia divina, incluidas las Ruedas de la Fortuna (artefactos que en tiempos anteriores a los de Cristo, hacían lo que les placía y eran muy peligrosas). Estas al inicio fueron consideradas paganas, pero cuando se comprobó el favor que la fe ejercía sobre ellas, fueron bautizadas como Ruedas de Dios. Las ruedas siempre se movían hacia adelante (y se cuenta que) en movimientos ascendentes. En la actualidad estos artefactos ya no existen; la inmortal rueda de la fortuna volvió a la vida gracias a la electricidad, quien la controla y priva de todo su poder original.
PD: Sólo una vez jugué con soldaditos y no me gustó mucho: No quería decir que no me gustara la guerra; soy re futbolero.
Luego voy a hacer un post en defensa del futbol; creo que hay poca crítica real a los deportes de conjunto, no como espectáculo sino también como disciplina. Además de que la gente suele asociar el futbol como un deporte para pobres; argumento que me temo es falso (y que de ser cierto es un argumento a favor y no en contra). Es un deporte para todo el mundo y esta es una verdad irrefutable; ahí radica su belleza; su trascendencia sobre muchos otros asuntos que los demás deportes no alcanzan.
Ah, para los que dicen que es un deporte para pobres; el polo es un deporte casi ridículo y no por ir al mini golfito te haces más adinerado (y ni se ilusionen con obtener algo de inteligencia).
Bueno ya acabe con mi berrinche.
El Elegido
October 11, 2007
Fernando García
No recuerdo su nombre; es algo extraño este olvido. Sé que alguna vez lo tenía tan claro como cualquier parte de mi rutina, ya fuera Ismael el conserje, Abraham el mensajero o cualquiera de los de la oficina. Cuando murió me tocó vaciar su escritorio; soy el vigilante. Encontré un cuaderno, un diario que llevaba registro esporádico de su vida; lamentablemente su habilidad como escritor hace al texto casi ininteligible, pero me he dado a la tarea de contar una de las historias que contiene, no sólo por su particularidad sino por que hoy me ha dado por escribir, costumbre muy rara en lunes.
El tipo era vanidoso, crédulo y acaso, mostraba algunos signos de bondad; nada impresionante. Si en la oficina se premiara al más bondadoso del edificio sin duda que él no ganaría. Mucho menos habría recibido el premio el día en que su coche no arrancó; su ira, podría decirse estaba justificada. Este era un hombre obediente, sumiso incluso a los manuales de usuario (costumbre extraña en estos días) por lo que rara vez se descomponía algo de su pertenencia. No creo que alguna vez haya usado una garantía.
Volvió al departamento, se lavó las manos ya muy manchadas de grasa y tomó el primer libro que el azar (o Dios, o las estrellas) le depararon: El Conocimiento; un manual predecible que por medio de la luz y la palabra muestra cómo comportarse en la tierra; además contiene un instructivo para cuidar el alma.
Tomó un camión, sintió algunos segundos de esa nostalgia que añora los años de juventud. Comenzó a leer el libro, que aunque era corto, no parecía como para que lo leyera tan rápido. Es todo un milagro que un lector tan poco entrenado como él lograra tal hazaña por sencillo que fuese el texto. A él le pareció natural leer tan rápido. Para cuando bajó del autobús, se sintió instruido con ese torrente de reglas sencillas de seguir para un hombre tan orgulloso de su habilidad para acatar y funcionar a favor de la sociedad.
Cruzó la puerta del edificio y me dio un breve pero cálido saludo; era de esas personas especiales intrínsecamente, de las que la gente usualmente dice “es que tiene algo que no sé qué”. Siguió su camino y llegó al recibidor junto a los elevadores; se miró frente a una pared repleta de espejos cuya posición hacían pensar no sólo en el infinito, sino en los movimientos múltiples alejándose hasta Él, en la velocidad de la luz y demás maravillas que a él le parecían “cosa de científicos”.
Al fin sonó el timbre y fue momento de enfrentarse al elevador. Antes de que reemplazaran el armatoste era una lucha diaria, una acumulación de ruidos que a fuerza de acostumbrarse se tornaban en sonidos. No se sabía en que año había sido si quiera instalado y las palabras en la placa se habían desgastado ya hace mucho, tanto, pensábamos, que solíamos divagar acerca de la inmortalidad de las máquinas.
Subió, presionó el botón de su piso: el siete. Mientras esperaba examinó su traje italiano, el perfecto nudo de la corbata y el peinado. Todo había sido escogido con la perfección de la rutina salvo los calcetines. ¡No combinaban! Ese fue otro error que jamás le había sucedido; yo habría apostado lo que fuera a que ese no podía sucederle a él. La vanidad era otro de sus errores; uno frecuente en la mayoría de las oficinas. Sabía que al caminar rumbo a su cubículo, alguien lo vería y no perdería la oportunidad de hacerlo notar ante todos. Decidió quitárselos para que el color de su piel, a la distancia, se confundiera con par de perfectos calcetines negros.
Con los zapatos en mano sintió un calor indescriptible en sus pies; hogareño pero a la vez fuera de este mundo. Se olvidó incluso de que estaba descalzo. Recibió un mensaje. Quizá fuesen los ruidos del elevador, la memoria, alguna enfermedad mental. Él lo describe como un lenguaje desconocido que entendía a la perfección; algo como el vaivén del mar o el rumor del aire (“quien sabe qué lengua, pero como las olas o el aire”).
El mensaje venía de parte de Dios, declaraba que él era el único y el primero, dictaba órdenes nuevas y decía palabras amorosas. El tipo no supo distinguir, creyó que todo lo que entendía no era más que algo que ya había leído o escuchado de boca de sus tías, o de pequeño, cuando su abuela lo amenazaba con el diablo. Pensó que Dios vendría con más luces, temblores o al menos tangible y con alas de colores. Era su piso, bajó y no hizo más caso del episodio; “la vida sigue” dice en su texto.
No pudo olvidar el episodio, murió antes de que eso sucediera. Los doctores jamás acordaron la causa; uno atrevió a decir que lo que lo mató fue un hongo que entró por sus pies. El día de su entierro fue de los más soleados y nada intervino con el rito católico.
Ejercicios ofrecidos por Rodari (Jueguitos)
September 30, 2007
La sirena que rehusa su cola en favor de sus manos
La sirena se quita la cola, se vale sólo de sus manos y sale a la alberca para competir, junto a una serie de destazadaos, leprosos y magos testarudos en la primera justa de MEDIO nado sincronizado.
Petareloj
Dis positivo armado por el dios de los suizos para explicar y/o justificar el origen de los retardos. Dado su caracter dogmático ha controlado a la humanidad desde su descubrimiento en Grecia (por que de Suiza a Grecia hay un sólo paso de dios y bien sabemos que para él, Dios, no vale el tiempo). Sin embargo, existe la discusión de que el petareloj es anterior al tiempo y que dio inicio a éste cuando Dios le dio cuerda. Esto explica la naturaleza irrsponsable del Deja-vu, ocasionado cuando Dios se desvela o también el eminente fin del mundo, que sucederá cuando Dios opte por un nuevo reloj, electrónico, con quinta dimensión y toda la cosa.
Modelo de hormigón
August 4, 2007
Para cuando la noche y el silencio le indicaron que debía dormir, ya había exagerado los campos de un jardín inglés; el recuerdo de una fotografía elevada con tintes fantásticos le hacia ver cisnes donde había no más que reflejos y templos ancestrales donde sólo había modelos de hormigón. Su mente parecía haber sido diseñada para vivir dentro de la imagen, para incorporarle alguna música, triste, dramática y con un aire romántico traído desde otra fantasía cercana. Poco a poco levantaba un muro iluminado por mil y una antorchas alrededor de él y un lago; el cisne de pronto había desaparecido y se reflejaba la luna sobre el agua; o quizá fuese la misma luna la que miraba y no un espejo. No importaba.
Construyó al fin un paisaje, sus sauces, sus inscripciones antiguas y cada una de las estrellas que interminables parecían iluminarlo. Se situó a la mitad, construyó un puente mientras sus pasos cruzaban el lago, una banca mientras se sentaba y una mujer cuando abría su mano; madera, metal o carne, la materia era la misma; la precisión no. Arrojado al lago, sus pasos se aseguraron un camino, pero cuando su mano busco una compañera, no encontró más que una piel como de roca, un aspecto difuso, un rostro perdido entre ser muchos y no ser ninguno; cuando divisaba el leve rastro de un rostro conocido olvidaba su nombre.


No encontró guía ni memoria conocida en la infinita forma de una boca, no un signo de delicadeza en la finísima piedra de sus manos. Cansado cerró los ojos, se dispuso a borrar el mundo y comenzarlo de nuevo; cimbró el puente, vació el lago, devolvió la luna al espacio y dispersó a las estrellas por el universo. La mujer seguía ahí, sola, con la difusa mano estirada. Él supo que no podría destruirla, decidió huir.
Por alguna magia de la razón sintió que despertaba y que todo alrededor le era familiar; la luna seguía en los cielos, las estrellas se habían ido y los campos habían sido reemplazados por una piedra vulgar. Supo que nada había cambiado, pero ese alivio que le fue concedido negaba esa afirmación; “todo es esencialmente lo mismo, pero profundamente diferente”. Se negó a pensarlo más, a perder el juicio; en cambio pretendió solucionar el mundo de nuevo, construyendo con precisión a la mujer. Vio en su mente las herramientas; en su corazón el proyecto.
Alguien espera a que él culmine la empresa, atorado en un calle de cualquier ciudad, expectante al momento en que el pavimento se sustituya por el verde de la hierba, y vea cisnes donde sólo hay reflejos y templos donde sólo hay modelos de hormigón.
Una pluma sin tinta
May 13, 2007
Camino asegurado por una alfombra que no se detiene ni ante la roca o el agua, como si sólo ella me evitará de cualquier peligro.
Un hombre semidesnudo, con la piel grasienta y el vientre inflado reclama algo a través de una ventana; se detiene, se guarece en casa como si nada de su anterior furia tuviera justificación, como si ya no existiera.
Otro está de frente a un semáforo, parece esperar la cuenta regresiva que le permita cruzar la calle; ésta finalmente llega y el hombre permanece inmóvil.
Un hombre tira al fuego vivo y danzante de su chimenea unas cartas recién cerradas; vuelve a escribir más, iguales, sin hacer uso de la memoria.
Los amantes sólo se miran, ya no se tocan; apenas diferencian sus vigilias. Confunden sus ojos de los del otro, que están cerrados, que no se ocupan de los ponientes u occidentes.
Los apasionados no conocen el descanso, así, entrelazados.
El policía sujeta al delincuente, éste se siente amenazado y al cabo recibe una sonrisa; los dos platican. Muchas parejas como esta se reúnen. Unos piensan en reformarse, otros en vaciar aparadores; al fin todos piden más cerveza.
El guitarrista invoca un acorde con tres dedos que nunca acaban. La guitarra olvida algunas de sus cuerdas.
Una fotocopiadora imprime siempre la misma página; una que intenta enumerar el Universo. El encargado las lee todas.
Un estadio celebra siempre el mismo acto. Y también un coliseo, otra cancha, otra superficie hacen lo mismo; el acto al que siempre le siguen gritos.
Las espadas descansan, ya no recuerdan nada.
Un geógrafo mira sus mapas; debiera ver las transiciones de la tierra, los periodos tectónicos y los millones de año sobre ella, sin embargo ve una tierra única, cuya forma él no alcanza a precisar.
Un columpio parece olvidado. Al lado un niño quiere balancearse, pero no lo toma.
Un hombre mira el reloj que él supone habría de detenerse; la matemática y el movimiento de los planetas se separan de los demás objetos que no entienden de tiempo.
Una pluma sin tinta sigue escribiendo.


