“Tarda en llegar y al final. Al final, hay recompensa.” La frase cubre todo lo que se vivió el 15 de noviembre del 2007 cuando Soda Stereo, por mucho la banda latinoamericana más grande de todos los tiempos, volvió a la ciudad de México, para que muchos (viejos y nuevos) los viéramos volver. Agradecidos hasta el cansancio, ellos por nuestra paciencia y nosotros por su maestría, por esa increíble marca de banda grande que no han perdido, dimos un paseo por canciones indispensables para nuestras vidas.

Fuimos un público extraño, yo diría deforme; mientras unos se ocupaban más por la cerveza (sobre todo adolescentes que iban más por “estar ahí” que por otra cosa) otros no podíamos creer que Zeta, Charly y Gustavo estaban frente a nosotros y en la mejor de las formas; el sonido era impecable.

Empezamos a jugar y sólo necesitamos ese riff de Juegos de Seducción acompañado de la increíble maquinaria luminosa para desatar una parte de la euforia. Siguieron temas de los primeros discos: Tele, telekinesis ¡Moverás tus pies! Y así, sin perder el ritmo acelerado nos regalo Imágenes Retro, por si acaso necesitábamos “un antídoto para la rigidez”. Le siguió Texturas, con ese aire a Dynamo que es tan particular; una canción densa e impecablemente ejecutada. Algunos se veían con algo de duda en sus rostros, misma que fue borrada cuando se escucho Hombre al Agua. Y la verdad, mis convidados a la meas de la reseña sentimental y mamona, ya no recuerdo bien cuales siguieron; entré al Dynamo que giraba a toda velocidad; una tras otra las canciones y los recuerdos aparecían ante nosotros con una voz envidiable de Gustavo, con el bajo de Zeta que se veía confiado en sus manos y un Charly cuyas manos no olvidaron la antigua magia.

No puedo inclinarme hacia una canción u otra; aunque yo habría cambiado En Remolinos por El Rito. De cualquier manera fue en esta arremolinada canción donde la maquinaria de pantallas mostró lo mejor que tenía; un vértigo generado por seis pantallas móviles y tres redondas y giratorias que iban de arriba abajo sobre las cabezas de los soda.

Hay un tema importante para México: Cuando Pase el Temblor. La respuesta fue increíble. La banda le dio un giro hacia reggaetón a la canción mostrando una sincronía increíble. Sin embargo me parece la ocasión no merecía una demostración de técnica sino de emoción.

La felicidad era inmensa, habíamos esperado tanto (muchos otros aún más que yo) y por fin aquí estaban como si el tiempo no les hubiera quitado nada. El miedo también era inmenso; volveríamos a nuestra vida de recuerdos; estábamos soñando con un fantasma a quien no despedimos, que no sólo se presentaba sino también nos agradecía y despedía de la mejor manera. El mismo espíritu que sabíamos sólo volvería por una noche para luego regresar a su tumba de vinilos, discos eternos, peinados raros y frases memorables. Soda Fue. ¡OLEE! ¡OLEE! OLEE! ¡SODA! ¡¡SODA!!

Whatever and Ever Amen AMEN

September 9, 2007

Es increíble la cantidad de discos con más de diez años de vida que han marcado mi modo de escuchar música; uno de ellos es éste de Ben Folds Five, el Whatever and ever amen. No hace mucho (para la vida de un disco) cumplió diez años en los oídos de muchos; el 18 de marzo exactamente. Yo no tengo tantos, no sé cuanto lleve de escucharlo, acaso un par de años, a los que se les añadirá mas o menos el resto de mi vida.

Cuando escuchaba a Ben Folds por primera vez me daba algo de miedo admitirlo; me parecía que mi gusto por él era más una debilidad por el pop que cierta clase de reconocimiento a su talento. Por suerte pocos preguntaron y aún menos supieron de que les estaba hablando cuando decía “Ben Folds Five”; cuando alguien los conoce la sorpresa es gratísima, incluso si sólo son un par de canciones. Una de estás persona es Helena, quien me prestó el libro de reseñas de Nick Hornby donde viene reseñada Smoke, quizá la mejor canción de este disco.

Para entonces ya andaba admitiendo orgullosamente mi gusto por Ben Folds, presumía su superioridad ante las bandas de moda como si eso lo (nos) hiciera mejor. Pasé unas vacaciones enteras escuchando a Ben Folds y jugando playstation 2; así es como Ben “geek” Folds lo hubiera querido; en realidad no, pero decirlo me ayuda a vivir.

Empecé a conseguir discos; el primero (y más fácil de conseguir) fue este: Whatever…La conquista fue inmediata. Por entonces me decían presumido como quinientas veces por semana, a lo que Ben Folds bien supo contestar: “yeah, I’m big and important…if you really want to see me, check the papers and the TV…Kiss my ass”. Tan sólo el primer track había valido la larguísima descarga; los demás por supuesto no decepcionaron.

Fair tiene esa extraña mezcla (parecida al engaño) inducida por uno mismo cuando trata de olvidar a alguien; am I right? Brick me mostró la soledad por sonidos; no sabía de que diablos trataba la canción pero sabía que era acerca de un problema grande y que él estaba solo, muy solo. Song for the Dumped no necesita mayor comentario; cualquier cosa que te imagines si aún no la has escuchado superara tus expectativas; la versión del DVD Ben Folds Live es impresionante, o al menos muy divertida. Selfless, Cold and Composed con sus toques de jazz trata una ruptura de manera muy honesta y valiente.

Enseguida vuelve el tono alegre del principio, irónico y rápido; yo también quiero ser Kate. Un simple juego de acordes anuncia Smoke, la comparación entre el amor y un libro que al final se vuelve no más que eso: humo. Si no lo crees, huélelo; la canción fue coescrita con Anna Goodman, entonces esposa de Folds; acaso la canción trata de una manera hermosísima su ruptura.

Fred Jones es un personaje que suele utilizar Folds, aparece en Cigarrete: una joyita al piano con un fondo de grillos nocturnos; todo perfectamente acorde a la letra que trata de Fred, quien no puede dormir por temor a que su esposa, a causa del dolor y las medicinas, queme la casa con un cigarro; es una canción bella y triste.

La ironía y un toque de Big Band vuelven con Steven’s Last Night in Town; admito que he bailado ridículamente con esta canción; ¡es fabulosa! La batería obligará incluso al pie más tímido a moverse. Battle of Who Could Care Less es una canción quizá más simple pero que al balancearse con el resto del disco lo hace más disfrutable, más redondo; por lo demás es genial poder gritar Wil you neve rest?! Fighting the battle of who could care less! La siguiente batalla la librará un veterano junto a su esposa al anochecer; acaso el no estaba hecho para la familia y sólo puede añorar los gritos de batalla y la misma guerra que aún en su imaginación lo rodea.

Evaporated es una canción que encaja en muchos sentimientos, presiento que la seguiré escuchando por mucho tiempo; no digo más, escúchenla.

Folds hace poco le teloneó a John Mayer, quien a pesar de ser un hombre talentoso, no es competencia para Folds; Ben está en otra liga. Así seguramente los discos de Folds se arrumbaran en las baratas norteamericanas (desgraciadamente no en las mexicanas), el placer es de unos pocos. Tomen algo y no olviden recomendarlo.

¡SONY BMG! ¡BEN FOLDS EN MEXICO! ¡YO LO DEMANDO! (Si alguien se une deje comentario)

Oh! God What Have I done?

Rodolfo

September 1, 2007

Tan sólo bastan los primeros acordes en el piano, las primeras líneas y alguna disonancia para saber que Fito está de vuelta. Ha dejado de ser esa persona asquerosamente feliz, al menos por un momento, para darnos canciones traídas como de una caja de recuerdos informales y también para armar melodías  pop tan solo con un piano.

Este ya no es un disco para la crítica; Fito sólo podrá encontrar buenas críticas con su público habitual, quien le disculpará errores que a un artista nuevo no ¿Y cómo no hacerlo?

rodolfo

El pianista sigue ahí, intacto, el letrista sigue siendo bueno, a veces incluso genial; lo triste está en la voz, se ha ido, ha perdido ese tono triste y delgado que cantó a Gricel u ofreció su corazón.

 Voz y piano, una simplicidad que hace tiempo a Fito se le había olvidado; el increíble poder de una melodía lenta y la palabra justa; o ya sin voz un nocturno y un vals muy disfrutables. Rodolfo es un disco muy personal, casi como una visita a la casa de Páez, en Argentina, con sus amigos músicos, sus libros y su devoción por la música. Acaso Rodolfo deba ser devoto también de Fito, ese flaco que cantaba en los ochentas noventas como si el alma fuera a salirsele de entre los dientes (en serio).

Everybody lies

August 23, 2007

En televisión yo no puedo encontrar un personaje, ni de lejos, que esté tan bien armado como Gregory House. Un personaje tan entrañable requiere de una suerte de factores conjuntos: la perfecta alineación de la actuación de Hugh Laurie con la “plana complejidad” de House. Este calificativo se refiere a la cantidad de niveles que admite la comprensión de House; puede ser o un doctor lleno de humor negro, un impertinente desgraciado o el mejor producto de una generación americana basada en el racionalismo y la superioridad sobre lo otros; me dirán que esto no es suficiente, pero hay más. House, educado bajo estos conceptos, escapando de otros (acaso tradicionalistas, como el “no ser grosero” entre otros) deja ver un atisbo de sinceridad única, de una auténtica valentía. Él no se ha impuesto el carácter de ser para los demás, su ego es de lo más pequeño; ha preferido dejar ir a una mujer que en realidad ha amado para no engañarla o herirla; permite que los demás tomen los roles protagónicos con tal de que se le permita hacer lo suyo, jugar su juego: salvar vidas, no por bondad o solidaridad, sino por curiosidad y juego. House como ya saben es un niño grande, como muchos. El prodigio radica en que él es un niño indispensable para otros “no niños”. Y aún así él es el más correcto y el más sincero de sus semejantes; en verdad es un niño bueno.

Muestra de su excesiva racionalidad e ideas anti tradicionalistas es su negativa de Dios, ente que en una carrera como la suya (una ciencia cuyas consecuencias inmediatamente caen sobre los más complejos sentimientos humanos) parece indispensable; House juega a luchar contra Dios, poco a poco se va dando cuenta de que perderá y acaso, en el último capítulo de la tercera temporada por fin se ha rendido; ha sido un rival digno. Al morir su espada (bastón) nos ha abierto un paso más en los caminos de Dios, de lo que no conocemos; la esperanza de saber que se puede avanzar, no importa que no lo hagamos y sólo choquemos contra nuestras cabezas.

Mi experiencia musical se divide en dos partes esenciales; quizá en tres pero esa Tercera y oculta que muchos conocen no será discutida aquí. La primera trata del rock latino Gustavo Cerati (y Soda obvio), lo que hacían Saúl Hernandez y Alfonso André pero sobre todo Fito Paez, a quien acaso debería dedicarle un post entero.

La segunda comenzó con una etapa de transición donde sólo escuchaba a los Beatles en cualquier preentación disponible: todos los discos, once horas de The beatles Anthology, covers, un reproductor de 64mb repleto de beatles y después uno de 192; ese tiempo en que aún era increible tener un aparato que no usara cd’s.

Eso dió pasó a quizá la mejor recomendación que se me ha hecho; OASIS (gracias a George): Yo apenas conocía un pequeñísimo mapa del “alternativo”. Oasis fue entonces para mi un autobus y una guitarra; en un viaje podría decirse que me enamoré. Apenas conocía unas cuantas cancines que había bajado: Wonderwall, Don’t go away, Champagne Supernova, Stand by Me y Live Forever; hasta hoy mis grandes favortias. Me las aprendí casi inmediatamente.

Entonces después de un buen tiempo de terapia britpopera, de digerir lo abc’s del rock y acaso de detectar lo que bien había aprendio con los beatles (creo que sus discos son alguna clase de historia del rock and roll compuesta en los 60’s; claro una historia profética) sobrevino lo nuevo, escuchar “otras cosas”, tres discos en la misma semana: Some Cities de Doves, Final Straw de Snow Patrol y Tourist de Athlete. (Junto a estas bandas vinieron más gracias a las descargas LEGALES).

Este post iba a tratar del conceirto de Snow pero ya me estoy yendoa otro lado ¿no importa verdad?

Ahora quizá pueda entenderse levemente el cariño que tengo por Snow Patrol; es de lo primero que escuche de estos generos más en forma. Snow es una banda que puede ser tachada de simplona así nada más, incluso de popera (con distors); no lo son. El nivel de composión de ese hombre es notable; la habilidad de crear canciones memorables en espacios reducidos, de pintar la despedida de dos enamorados con dos colores pero con la misma intensidad que tendría una paleta superdotada es algo digno del aplauso, la compra del disco y de la entrada para verlos.

Por eso cuando se apagaron las luces y sólo pudieron verse los diminutos led’s de los amplificadores me di cuenta de cuan importante era para mi lo que estaba a punto de ver; una banda que no estaba en forma, que no suena perfecto, que tiene enormes deficiencias pero que se entrega como ninguna y que cual competidor herido es capaz de contragolpes memorables y estremecedores; había al menos un heroe en el escenario esta noche. Es natural acusarme de exagerado; no creo serlo esta vez: la repetición de 3 acordes de lo más simples llevados a las lágrimas y enseguida a un ritmo duro y destroza oidos son mi mejor prueba.

Una vez dijo Roberth Smith que se sabía inmediatamente cuando alguein cantaba con el corazón y cuando no: Gary Lightbody lo hace sin duda. No sé si Make This Go On Forever sea sencillo, lo cierto es que la interpretación nos dejó impávidos, sí, absolutamente azorados como si fuese el gran hit. Creo que ni siquiera Run logró ese impacto cuando las luces apuntaron al cuerpo de Lightbody, cubriendolo de un rojo dramatizando los últimos estribillos de la canción.

Lightbody me recordó a otro de cuerpo similar: al flaco, a Fito. “¿Quién dijo que todo está perdido? Yo vengo a ofrecer mi corazón”

Snow patrol concert

Han prometido volver. No sé si iré, siento como si cerrase un ciclo, de alguna manera me siento asquerosamente grande. Let’s go to every concert, where all the crazy kids go…

About a Songbird

July 18, 2007

Para los lectores de esta bitácora, la gran mayoria no confesados pues no comentan (costumbre que debemos cambiar) sabrán que mis notas tratan de varios asuntos a la vez, no por que yo posea una elocuencia notable o sea capaz de vincular mis ideas, sino por que mis notas son más bien desordenadas y ni modo de escribir dos artículos.

(Desordenado hasta en el tono)

Acomódese lector, abuse de la mamonería, de la pretensión, tome la pipa que yo no sé usar y beba el café que me han prohibido, pues alguien tiene que ser uno de esos de quienes TODOS se quejan.

En mi búsqueda por descargas de discos legales (onda rapidshare y eso) me encontré nueva música; cosa que en estas vacaciones es todo un motivo de celebración. Este disco se llama Paige Aufhammer (¡Igual que su compositora! Este chiste es tan viejo que me vi obligado a hacerlo) y contiene once tracks muy dignos de las vacaciones; algunos de ellos memorables, dotados de una voz no sólo bien entrenada (característica sobrevalorada estos días) sino con un timbre muy especial, como el de un ave; suave, delgado y a la vez preciso (claro) y fuerte.

paige.jpg

Entonces mientras escuchaba a la Señora de García me di cuenta de que este minúsculo gran grupo de mamones (quienes presumimos de haber leido el Escritura para Dummies) somos también un grupo que anda por ahí en una gaveta de los blogs. Somos la gente que cree que lo que decimos es en realidad importante al menos para quien nos lee. Y me temo mis queridos invitados a la mesa de la irnoia, el sarcasmo y la falsa compasión, que no hay cosa mas falsa que eso.

No podemos esforzanos en crear un blog divertido; lleno de chistes recurrentes y fotos “curiosísimas”; no le vemos el caso, es muy estúpido y por lo tanto increiblemente divertido de leer. Es como cuando un tipo de la secundaria te contaba que hizo el domingo; tu muerto de la risa asentías no al relato sino a la enorme cantidad de groserias en el mismo.

Nuestras bitácoras son más bien un diario o un contenedor de ideas débiles; no esos divertidos y esforzados blogs. Nuestros egos queridos comensales, no permiten que una de nuestras magistrales ideas se dispersen por el internet por el miedo a perder crédito. ¡Y qué terrible sería eso!

El nombre se labra con trabajo sobre el oro, así como cada página; las ideas o los nombres son cosas intrínsecas al individuo de las que acaso no tenemos crédito.