Nada importa, los años me han hablado claramente, y la voz de los años es la voz de Dios

Crónica de viaje fallida

Este post debiera tratarse de mi visita a Chiapas, a San Juan Chamula y de que canté unas cuantas canciones con el coro de mi facturad en un festival internacional (Cervantino-Barroco), pero no sé, no me siento apto para crónicas (al menos no hoy).

Los recuerdos son incontrolables, sorpresivos y molestos (y rara vez felices). Y aunque no pueden ser rastreados siempre están latentes. Así una calle, una estatua, alguna música o incluso el más simple de los objetos toma una utilidad muy distinta; la de revisitar, la de infringir en realidades que de otra manera no podrían ser alcanzadas a tal profundidad.

Salí de México con la memoria cansada y unos cuantos orgullos; la cita fue en CU. Nunca me es ordinario mirar el estadio, pero esta vez mi visión ahondo en mi infancia. Enfrente rectoría; un edificio que hace diez años para mi no tenía la menor importancia y del que ahora parecía emanaba una orden; la de enorgullecerla.

Diecisiete horas son demasiadas para sentarse, cruzar la mitad del país, dormir a medias, comer aún menos y cantar como popero gringo. Una pancarta nos da la bienvenida al hotel; nunca la vi (porque no traigo lentes) pero la sensación fue fantástica, me sentí un poco repuesto. Enseguida un ensayo que a pesar de ser rapidísimo es terriblemente agotador al combinarlo con ese viaje tan largo. El director usando las últimas armas para hacernos funcionar decentemente; el grito y el enojo. Funcionan. La medida es dura pero excelente. Al fi nos da una tregua para ir a agotar el buffet que se sirvió en el hotel para nosotros. Nos reciben con vino tinto que sabe a agua de Jamaica. Me sirvo doble plato y aún tengo hambre; doble plato y digo que está bien que “comeré ligero” para la presentación; lógico y raro. Repartición de cuartos. Empiezan los problemas. Tenemos un cuarto de hotel lindo, me acuerdo de un poco de mi madre. Los problemas se hacen evidentes. Estoy en el limbo: simpatizó con ambas partes.

Felicitaciones por parte de los músicos; son muy simpáticos. Llamadas de atención por parte del director: a cambiarnos, a ensayar de nuevo. Los viejos coralistas viejos felicitan a los nuevos, nos desean suerte y hay algo de fraterno en todo; aunque también de hipocresía me temo. Creo que la hipocresía es asquerosa y fundamental para que un grupo grande funcione.

Ensayo con máscaras: todo parece salir apresurado y bien. Concentración en camerinos, brindis con tequila; he recuperado lo que me faltaba de garganta tras 17 de cantar como popero gringo en el camión y de ver a The Cure. Se dan las últimas indicaciones y salen los “titulares” del coro a escena.

EL concierto corrió con regularidad: Milonga Triste es tristísima, me recuerda cosas, no debiera; Un Mundo raro es fantástica, la primera canción de Literatura Fantástica popular mexicana (según yo: “Di que vienes de allá, de un mundo raro…que triunfe en el amor y que nunca he llorado” por favor, eso es pura Literatura Fantástica).

Tan pronto salimos creo que quisimos olvidarnos de las presiones que tuvimos: yo hasta soñaba con regaños del director. No quiero hablar demasiado de esa noche: sólo diré que baile, que bebí cosas horribles y desperté a más de uno con mi versión de Al Lado del Camino y de Wonderwall. Cubrieron el cuarto con liquido fosforescente y la atmosfera era muy linda aunque a veces molesta por que no podía ver nada.

Sin demeritar la presentación, lo que vimos al día siguiente fue lo más impresionante y fuera de mi mundo occidental que puedo conocer; aunque pensándolo ben es no más que una consecuencia natural de la occidentalización: San Juan Chamula. Me dio la impresión de que viajaba en el tiempo a apenas “20 minutos” antes, donde las comunidades humanas se regían desde dentro y habían aprendido a aprovechar muy bien sus facultades; ahora ya tengo mis dudas. Adopté una rana psicodélica junto con Mariana que se llama Lucy (LSD).

De vuelta visitamos el centro de San Cristóbal de las Casas; nada impresionante salvo por el terrible estado de la Catedral de Santo Domingo y una galería de arte donde conocimos al artista: muy buen tipo además de ser un pintor competente, crítico, elegante y sencillo de leer. Volvimos esa noche, no sin dejar de agradecer a quienes nos atendieron en el hotel: “pido un aplauso…” por quien hacía los postres: ¡¡Postre Diario!! ¡Y qué postres! ¡Qué manejo del azúcar! ¡Qué facilidad en el caramelizado!

Así volví a México: cansado y contento, sin batería en el Zen y nada en la cabeza. Creo que daba para un buen balance. Quizá ya se olvidaron de lo melancólico que me puse al inicio del post. Pues yo también me había olvidado de mi melancolía al volver a México y TOMA…Volver a México fue nada mas para recobrarla, volver al trajín cansado y patético de vida, volví también a pagar una cuenta que debía (y que al ver la magnitud del hecho, al vivirla me doy cuenta de que me falta bastante por pagar; deuda que soportaré estoicamente). ¿Que de qué diablos les hablo? Hagan de cuenta de que uno mata un gato hace tiempo y que ahora le mataron uno que importaba mucho menos; es terrible como eco del primer gato.

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2 responses

  1. Lady Stardust

    Q bueno q empezaste melancólico. Yo lo q veo es un post entusiasta y, q además dq les fue bien, también t la pasaste muy bien. Un abrazo, choir boy.

    October 28, 2007 at 11:36 am

  2. Esos eventos tipo estudiantina que de hueva… pero que chido Chiapas… buena cronica matagatos… “Me gusta estar al lado del camino, fmando el humo mientras todo pasa”

    October 31, 2007 at 7:05 pm

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