Nada importa, los años me han hablado claramente, y la voz de los años es la voz de Dios

Regalos

 

No tengo nada de que hablar. Supongo que debe ser celebrado por que soy bastante parlanchin. Luego uno piensa que es mejor no hablar, sólo ver, que le da a uno cierto misterio y perspectiva sobre el entorno. Claro que yo no podría, me la paso cantando. Pero si pudiera, quizás lo haría por un tiempo. El año 20. Todo se pone nostalgico y también adquiere cierto sentido del comienzo y del compromiso. Mientras tanto, creo a esta edad uno tiene que decidir bastantes cosas en muy poco tiempo; pero es más una ilusión de decidir. Las cosa ya están decididas, uno ya sabe pero se ilusiona con otras posibilidades o quiere limitarse. Ella quiere hacer teatro y le sale bien; yo no puedo hacer eso. Hoy vi una peli donde alguien dice algo así: ” es lo mejor que ha sucedido después de Shakespeare pero nadie lo lee”. Eso podría suceder. Es triste.

 

Ahora, su regalo de reyes:

El Relámpago, de Italo Calvino

Me ocurrió una vez, en un cruce, en medio de la multitud, de su ir y venir. 

Me detuve, parpadeé: no entendía nada. Nada de nada: no entendía las razones de las cosas, de los hombres, todo era insensato, absurdo. Y me eché a reír. 

Lo extraño para mí era que nunca antes lo hubiese advertido. Y que hasta ese momento lo hubiese aceptado todo: semáforos, vehículos, carteles, uniformes, monumentos, aquellas cosas tan separadas del sentido del mundo, como si hubiera una necesidad, una consecuencia que las uniese una a otra. 

Entonces la risa se me murió en la garganta, enrojecí de vergüenza. Gesticulé para llamar la atención de los transeúntes y « ¡Deteneos un momento!», grité. « ¡Hay algo que no funciona! ¡Todo está equivocado! ¡Hacemos cosas absurdas! ¡Este no puede ser el camino justo! ¿Dónde iremos a parar?» 

La gente se detuvo a mi alrededor, me observaba, curiosa. Yo estaba allí en medio, gesticulaba, me volvía loco por explicarme, por hacerles partícipes del relámpago que me había iluminado de golpe: y me quedaba callado. Callado porque en el momento en que alcé los brazos y abrí la boca, fue como si me tragara la gran revelación y las palabras me hubiesen salido así, en un arranque. 

-¿Y qué? -preguntó la gente-. ¿Qué quiere decir? Todo está en su sitio. Todo marcha como debe marchar. Cada cosa es consecuencia de otra. ¡Cada cosa está ordenada con las demás! ¡Nosotros no vemos nada de absurdo ni de injustificado! 

Yo me quedé allí, perdido, porque ante mi vista todo había vuelto a su lugar y todo me parecía natural, semáforos, monumentos, uniformes, rascacielos, rieles, mendigos, cortejos; y sin embargo aquello no me daba tranquilidad sino tormento. 

-Disculpad -respondí-. Tal vez me haya equivocado. Me pareció. Pero todo está en orden. Disculpad -y me abrí paso entre miradas ásperas. 

Sin embargo, todavía hoy, cada vez que no entiendo algo (a menudo), instintivamente me asalta la esperanza de que esta vez sea la buena, y que yo vuelva a no entender nada, a adueñarme de aquella sabiduría diferente en un instante encontrada y perdida.

Relato de Italo Calvino, incluido en su libro La gran bonanza de las Antillas

 

Las ciudades y la memoria 5.:

 

En Maurilia se invita al viajero a visitar la ciudad y al mismo tiempo a observar viejas tarjetas postales que la representan como era: la misma plaza idéntica con una gallina en el lugar de la estación de autobuses, el quiosco de música en el lugar del puente, dos señoritas con sombrilla blanca en el lugar de la fábrica de explosivos. Puede ocurrir que para no decepcionar a los habitantes, el viajero elogie la ciudad de las postales y la prefiera a la presente, aunque cuidándose de contener dentro de límites precisos su pesadumbre ante los cambios: reconociendo que la magnificencia y prosperidad de Maurilia convertida en metrópoli, comparada con la vieja Maurilia provinciana, no compensan cierta gracia perdida, que sin embargo se puede disfrutar ahora sólo en las viejas postales, mientras que antes, con la Maurilia provinciana delante de los ojos, de gracioso no se veía realmente nada, y mucho menos se vería hoy si Maurilia hubiese permanecido igual, y que de todos modos la metrópoli tiene ese atractivo más: que a través de lo que ha llegado a ser se puede evocar con nostalgia lo que fue.

Hay que guardarse de decirles que ha veces ciudades diferentes se suceden sobre el mismo suelo y bajo el mismo nombre, que nacen y mueren sin haberse conocido, incomunicables entre sí. En ocasiones, hasta los nombres de los habitantes permanecen iguales, y el acento de las voces, e incluso las facciones; pero los dioses que habitan bajo esos nombres y en esos lugares se han marchado sin decir nada y en sus sitio han anidado dioses extranjeros. Es inútil preguntarse si estos son mejores o peores que los antiguos, dado que no existe entre ellos ninguna relación, así como las viejas postales no representan a Maurilia como era, sino a otra ciudad que por casualidad se llamaba Maurilia como ésta.

 

Happiness by Raymond Carver

So early it’s still almost dark out.
I’m near the window with coffee,
and the usual early morning stuff
that passes for thought.

When I see the boy and his friend
walking up the road
to deliver the newspaper.

They wear caps and sweaters,
and one boy has a bag over his shoulder.
They are so happy
they aren’t saying anything, these boys.

I think if they could, they would take
each other’s arm.
It’s early in the morning,
and they are doing this thing together.

They come on, slowly.
The sky is taking on light,
though the moon still hangs pale over the water.

Such beauty that for a minute
death and ambition, even love,
doesn’t enter into this.

Happiness. It comes on
unexpectedly. And goes beyond, really,
any early morning talk about it.

Advertisements

3 responses

  1. Lady Stardust

    Xq no pusiste regalo d tu autoría?

    January 7, 2009 at 8:21 pm

  2. fernandoi

    como diría esa sabia maestra: para que hablo con los santos si puedo hablar con dios.

    Por que a nadie le gustan las cosas cursis Lady Stardust.

    January 7, 2009 at 8:57 pm

  3. Ots no mencionaste quién te habló del relato de Calvino.

    January 8, 2009 at 3:09 am

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s