Nada importa, los años me han hablado claramente, y la voz de los años es la voz de Dios

Sueño

En el amplio valle donde las estrellas se ciernen pequeñas en la oscuridad de las montañas, una taza llora una mejilla inclinada sobre papeles varios; sometidos por el caos apenas recobrado.

otros objetos: unas manos y olor de café.

Y en los primeros tintes de la voces en el alba el augurio de la luz le habla a una noche abandonada. En la noche vive la memoria sin espacio; recuerdos deambulantes que viven y siempre se resbalan.

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