Nada importa, los años me han hablado claramente, y la voz de los años es la voz de Dios

Escritos

Palabras grandotas

Si hubiera una ventana alta entre las nubes, profunda como la noche, inmensa como las aguas que caen por el horizonte, luminosa como la última explosión de un sol, abierta como una puerta cálida; nos gustaría que hubiera una, altísima entre las estrellas, profunda como el universo, inmensa como los nombres que les ponemos a las cosas que no conocemos y así hasta que de pronto las palabras, por grandes que sean, ya no nos alcanzen y todo se vuelva pequeño de nuevo y  pensemos, como en una miniatura terrenal, en la existencia de una ventana alta entre las nubes, profunda como la noche, inmensa como las aguas que caen por el horizonte, luminosa como la última explosión de un sol y abierta como una puerta cálida.


Miedo

Y ese miedo de que de pronto el curso cambie, de que un “pantallazo, un rayo luz” se lleve todo sin que me de cuenta y me deposite en otro tiempo y lugar, se hace más grande. ¿Por qué? No se. Si lo supiera no tendría miedo quizás. El otro día vi un semáforo en verde, y la gente aún esperaba para cruzar; no hacian ningún movimeinto y de pronto, todos caminaron cuando el semáforo ya tenía tiempo dándoles el paso. Y en los primeros segundos me parecio absurdo, estúpido, después absolutamente lógico. Algo acaba de cambiar ante mis ojos; estaba ante una desfragmentación, quizás, del mismo universo; acaso una imperfección. No es la primera vez que me sucede y debo admitir que aveces es una falla de memoria. Un día las farmecias desaparecieron dando paso a las farmacias; aparecio una tienda al lado de otra tienda cerca de mi casa, pero no nueva y por inaugurar sino ya abandonada; una mujer cambio su tinte de pelo mientras caminaba; un partido de futbol no sólo conto goles sino que los descontó en unos pocos minutos, además, el Estadio Olímpico se hizo más grande y gris ( y hoy cuando lo pienso, mi recuerdo de ese estadio se parece más a una piramide de piedra negra). No invento y por lo tanto no miento. Así lo recuerdo: el mundo cambio y yo no recibí ninguna explicación congruente; apenas un “siempre ha sido así” o quizás algo un poco más consciente como “el mundo cambia  a todo momento”.


that is all

Why do I remember everything that is important?

Why do I forget dates, some ghosts’ birth place?

Why do I go around the edge,

wondering about those things that should happen every day?

Why do I remember everything we say?

 

But suddenly I wake up, laying in bed, blowing my ears to death

and maybe…maybe…the screen is not on because the light over the world is gone

or something, with the power of the sun, has made you forgotten long gone is  ‘is’

now is ‘are’, as a whole

you should remember

I should remember

something is growing inside of us, and that is all


Plazas

Un hombre se pierde en un plaza tras ver a su amada. Cuando al fin logra salir, ella no quiere verlo más y no responde a ninguna de sus llamadas. Destrozado, sale a camianr y se pierde en la misma plaza, entre la misma gente; cuando vuelve ella lo espera en casa.


Narciso fantástico

Hay cierto pueblo que no se permite entregarse a la lógica, a ese camino fácil; así, sus ventanas eran puertas, sus calles sólo aceras y los autos deportivos apenas trotaban sobre terracerías a 20 kilómetros por hora. ¿La gente? Bueno, es caso aparte, pero siguiendo el tema de las calles, puedo decir que poseían una inercia para no detenerse pero también un libertinaje de destino, una sinuosa claridad para caminar hacia todas partes. Si uno les pregunta, todos tienen un rumbo fijo, desde luego.

Ahí llegó Gerónimo, un oficial de gobierno, a esa vaguedad, esa nebulosidad de casas contiguas, a calles vacias y ruidosas. Caminó por cierto tiempo, que le pareció bastante corto y que también le dejó entrever que ninguna farmacia tendría un teléfono y que no encontraría ninguna oficina de télegrafos. Ninguna voz encontró la suya y ningún camino le halló un destino esa noche. La verdad es que no podía siquiera ubicar con seguridad donde se encontraba, aunque presumía que era un pueblo de su demarcacióin. No le importaba que ningún poder, de los que el representaba,  no tuviera representación alguna ahí.

Vio una luz al final de la calle, lo que figuraba ser un gimnasio vacio, pero también un hotel digno. Un hotel con cierta extrañeza pero con una calidez especial; se registró y lo primero que hizo en el cuarto fue entrar en el baño. Y lo que sucedió entonces es también una de esas situaciones sobrenaturales que ahí obedecen a una inevitable lógica; quiero decir, que el teléfono estaba en el baño y que la voz que contestó a Gerónimo era desde luego, la suya. Tristemente para él, aún poseía esa agudez un poco homosexual que a él le molestaba. No importaba. Se preguntó de lo más esencial a lo más trivial, y sus contestaciones fueron siempre elocuentes; en cierto modo se enamoró. Habló toda la noche y al otro día sólo bajo para registrarse por una noche más; naturalmente, ahí las llamadas eran gratis.

Narciso

Otro Gerónimo


Del correcto comportamiento de un fantasma

Uno debe posicionarse en primera instancia; para lograrlo se necesita de una consciencia de estado, ya sea éste fantasmal o no. Entiéndase esta diferencia de estados como la que existe entre un actor cuando está en escena y cuando no. La riqueza en lo fantasmal es cierta belleza al caminar, un rastro de irrealidad que permite que uno siga con ese rol que no es afectado por, ni afecta nada. Uno a veces se paraliza al reconocer esa silueta extraña que evoca el pasado en cualqueir objeto, olor, o persona. Esa es la misma operación pero realizada desde el otro lado, desde lo fantasmal, que aquí es entendido como no físico. Hay un extraño poder en dejar de exisitr para los demás, uno aún más profundo en dejar que las cosas se creen a nuestro alrededor.


Uno no puede sentarse en la imaginación

Pasa que él estaba sentado ahí, en la banca. Entonces le pregunte si tenía algo, porque andaba raro, como cuando alguien está a punto de desmayarse, pero no, me dijo que estaba bien, que le pasaba a cada rato. Yo, pues lo dejé, no se fuera a enojar o algo, odio a la gente instigosa. Pero los seguí checando, ni clientes hubo que me distrajeran. Cuando se paró todos dejamos de hacer lo que estábamos haciendo, menos yo, que sólo lo estaba viendo. Y cuando parecía que iba a moverse, a todos, le juro, a todos nos caló el miedo bien hondo; nomás mirarlo, con todo eso, que se movía. Helenita me dijo que llamáramos a la policía, pero que le iba a decir yo a usted, dígame, como se lo describo. Entonces caminó, ahí iba cargándose a sí mismo. Tratamos de rodearlo pero no sirvió para nada, él seguía, incluso sobre nosotros. Le abrimos paso, esta es zona turística, ya sabe. Ahora ha de andar camino al sur, vayan por él, pero reemplácenos la banca donde se sentó.